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23 de octubre de 2008

Cultureta watch de Spiderman 3

Ya apareció en mi blog, pero hoy lo he releído y he flipado con la de soberanas boutades esnóbicas que se marca el tío. Spiderman 3 y San Agustín en la misma frase. Y el tipo encima es profe de cine e historia del cómic. Ahora resultará que Stan Lee estará a la altura de Dante o de Shakespeare. Pero es que encima está hablando de Spiderman 3 uno de los mayores truños ever.



IVAN PINTOR IRANZO


"Una sobre otra las infinitas capas de sílice que se ciernen, arremolinan y esparcen para alzar la figura descomunal del "Hombre de Arena" al final de "Spider-Man 3" no sólo son la figuración de un Moloch dispuesto a devorar la ciudad de Nueva York, sino también la imagen misma de la monstruosidad que palpita en le corazón del Universo Marvel. Cuando, después de la II Guerra Mundial, Stan Lee dio respuesta a la necesidad de figurar el miedo al Otro en plena guerra fría, Spiderman, los 4 fantásticos y más tarde los X-Men se convirtieron en el reverso de un imparabale avance tecnológico, un exceso de naturaleza capaz de trocar la doble identidad de los superhéroes de primera generación en una perpetua convivencia en la sombra. de igual manera que el Caliban de "La Tempestad" o el Segismundo de "La Vida es Sueño", los superhéroes ideados por Lee forman parte de una escatología en la que el trágico reconocimiento de la animalidad sustenta largas plegarias sobre una condición demasiado humana dirigidas a un dios desconocido: -"los monstruos son un mensaje, una prueba de la fuerza divina sobre los cuerpos naturales", asegura San Agustín-.Por eso, al despojarse, gracias al repicar de las campanas, del simbionte que coloniza su cuerpo, spiderman engendra otra monstruosidad, la sombra de una sombra, Venom, pero no da pie a una exploración de la enfermedad como la que brindaría un cineasta como Cronenberg, sino a una fábula de redención. Entre la viscosa amenaza del doble oscuro y el exceso de Ello encarnado en "el Hombre de Arena", Spiderman se ve obligado a recosntruir un Yo que afiance el orden apolíneo de la civilización encarnado en su traje azul y rojo; se ve forzado a anudar la memoria del 11-S con la suya propia para hacer lo que un héroe nocturno como Batman nunca haría; perdonar, absolver una violencia que, redimida, disuelve la monstruosidad".

IVAN PINTOR IRANZO: "CULTURA/S 256" (Suplemento de la Vanguardia).


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