Impactante es el inicio de la excelente Entre Copas, en el que Paul Giamatti trata de explicar a su ignorante amigo como paladear un vino, para descubrir que el muy gañan estaba mascando chicle. Y es que reconozcamos que el ser humano medio, valora al vino por su capacidad de generar bebidas tales como el kalimotxo, la sangría o el tinto de verano.
Mi capacidad para diferenciar un buen y un mal vino es nula, sin embargo todos sabemos que la mayoría de los vinos no valen lo que valen, y que entre uno de 300 euros y otro de 2000 existe más snobismo que calidad.
¿Como justificar pues esa sangrada? Con literatura epatante. Sin calentarme mucho la cabeza entro en esta web y descubro miles y miles de criticas dignas de Cultureta Watch. Cojo la primera por coger.
Sorprende tras esa nariz inexpresiva con una entrada media, marcada amplitud, ligera envoltura, sensación de plenitud en boca, toque mineral propio, dulce con peso que equilibra acertadamente con el punto amargo y una acidez inicialmente integrada pero que destaca más en un posgusto larguísimo y potente, donde además encontramos una retronasal de lima fresca que se une a ese amargoso, posee un punto de alcohol que tenderá a pulirse en próximos meses.
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