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22 de marzo de 2010

La invasión de los recursos caligráficos

¿Os pongo negritas? venga va:

La invasión de los recursos caligráficos

ALBERT SERRA JUANOLA, director de cine

Un amigo mío miró hace poco un documental hecho en 3-D y descalificó la experiencia con un observación evidente: "Es que no añade nada".

El cine en 3-D existe desde hace mucho tiempo y, sin embargo, nunca ha atraído la atención de ningún director interesante (excepto Alfred Hitchcock, si no recuero mal). No soy una excepción a esta regla. A pesar de la naturaleza ontológicamente realista del cine, la imagen es un signo que puede llegar a interesar artísticamente no por lo que muestra, sino por lo que expresa. Algo que está más allá de la imagen y de la historia que esta nos cuenta. Algo que no está tan claro, y que afecta más a la dialéctica entre el proceso de fabricación de la película y su forma definitiva: el conjunto de reglas internas que al final la gobiernan y de donde se desprende su belleza como obra de arte.

Se dijo que con la llegada del cine sonoro se perdía capacidad expresiva; es cierto. Se perdía una capacidad fundamental del lenguaje visual que es la abstracción y todo el refinamiento que esta conlleva. La imagen se volvía más ilustrativa y el lenguaje cinematográfico se empobrecía; hasta que la nouvelle vague y cierto cine experimental hacen un uso más sofisticado del sonido y lo separan de la imagen para que pueda recibir un tratamiento propio y pueda relacionarse con esta por otro tipo de relaciones aparte de la contigüidad ilustrativa, como, por ejemplo, por contrapunto.

Nada de esto tiene que ver con el 3-D. Ni siquiera representa un empobrecimiento de la imagen: simplemente no es nada.O acaso una mediocre ampliación de un recurso elemental de la imagen cinematográfica:
su capacidad material de reproducción de la realidad que, paradójicamente, por el aturdimiento ocular y la fatiga mental que provoca en el espectador, puede llegar a ser intrínsecamente nociva para su propia finalidad. No digamos ya para esa segunda película o segundo nivel de comprensión de la que hablaba al principio y que se basa en las asociaciones visuales, culturales, personales, etcétera, que el misterio de las imágenes ayuda siempre a agudizar.

El 3-D no es un recurso formal, sino caligráfico. Y sólo afecta, de momento, al cine comercial. Pero, involuntariamente, evidencia al mismo tiempo lo mucho que cierto cine de autor se apoya, en el fondo, en conquistas paralelas e igual de vacuas que el 3-D y que ya están destruyendo la autenticidad de gran parte del cine artístico moderno: ya están en todas partes la caligrafía narrativa, la caligrafía referencial, la caligrafía dramática, la caligrafía metafísica, etcétera.

La destrucción de la autenticidad del imaginario colectivo es la consecuencia más evidente de esta invasión caligráfica; y su síntoma más claro, el auge del videojuego (siempre asociado al 3-D), engendro diabólico y repugnante, joya de la corona de esta invasión catastrófica, pura caligrafía conceptual.


Enviado por: Pedro Vallín