Blog abierto a TODO EL MUNDO. Si quieres enviar una crítica pedante vergonzosa que hayas encontrado, éstas son las instrucciones.

29 de julio de 2010

Cultureta en la RAE

A lo mejor no tiene mucho que ver con las intenciones del vloj, pero no he podido evitar acordarme de este sitio cuando he leído la noticia de que la próxima edición del Diccionario de la Real Academia Española de la lengua incluirá la palabra "cultureta". ¿Están vuesas mercedes consiguiendo algo jrande? ¿Es el inicio de una nueva era (más mala) para el culturetismo?
Éstas son las acepciones que recoge, las dos como despectivas y coloquiales, aunque de momento no es más que un avance de la vigésimo tercera edición:

cultureta.

1. f. despect. coloq. Actividad cultural que no alcanza un nivel aceptable.

2. com. despect. coloq. Persona pretendidamente culta. U. t. c. adj.

Aquí el enlace: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=cultureta

Enviado por HansHelm

28 de junio de 2010

Eficiente y previsible como un tren británico

http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/734291/acdc/eficiente/y/previsible/como/tren/britanico.html

Disculpad que directamente pegue el link, pero acabamos de llegar del concierto, y buscando una noticia sobre el mismo antes de dormir nos hemos encontrado con esto... y nos hemos acordado de vuestro blog inmediatamente.

Destacaría este párrafo:

¿Heavy? Heavy antes del heavy: tópicos de agradecida simplicidad cincelados a conciencia sobre la memoria de varias generaciones, curtidos con oficio y perseverancia en cierto ánimo colectivo. Hard-rock con turbo diez mil veces reiterado -al borde de la impostura, decía el maestro Manrique-, pero infalible en esta comunión acordada. ¿A qué más, entonces?

Saludos!

Enviado por: Silvia Rebollo

4 de junio de 2010

Rockdelux

No sé si habrá echo ya acto de presencia por aquí la revista Rockdelux. En cualquier caso, es todo un filón para la guardia sórdida. ¡De hecho, recientemente descubrí con regocijo que en ella escribía también Gerardo Sanz! Pero para variar he optado por enviar esta otra crítica musical:


BALMORHEA

Constellations

Western Vinyl

Contemporánea. La luz de luna revela una forma distinta del mundo. Sombras, caras y curvas que sólo aparecen en las noches claras. Bajo esa luz, la música de Balmorhea adelgaza y se contiene. Como un reverso a esa aventura llena de pólvora y tierra que fue All is wild, All is silent (2009), Constellation barre de la mezcla muchas de las baterías, palmas, cuerdas y voces que formaron parte de aquel disco para dejar que el piano sostenga e ilumine estas piezas. El resto de la banda rodea y cobija esos acordes, los arropa, buscando el mejor lugar donde acomodarlos, sin tapar su sonido.

Una apariencia distinta del sonido que salpica los primeros rasgos del disco en las teclas de piano que caen con suavidad sobre los compases de
To the order of the night, tan sobria como delicada. Es una fila de notas que se desordena y vuelve a formar en tantos otros cortes (Winter Circle, Herons y Steerage and the lamp). Igual que las estrellas que cientos de civilizaciones unieron en el cielo para dar vida a mitos y leyendas, para orientarse en el mar, Balmorhea destapan el sonido para encontrar el camino de su propia música.

Crtica por: Juan Monge

Aparecida en Rockdelux n284, mayo de 2010

A ver, puede que no se pierda entre las referencias como G.Sanz, pero el símil, eso sí, lo desarrolla de principio a fin, además con la agravante de que: ¿de qué va el título del disco? Bien, de constelaciones. ¡No tengo que quebrarme mucho la cabeza! No es que no se entienda lo que dice, pero una crtica deberia darme algún dato técnico objetivo que vaya más all del me ha gustado, y tanto lirismo parece un me ha gustado, pero más bonito.

Enviado por: D. Anselmo

24 de mayo de 2010

Crítica de 'Habitación en Roma'

Utilizando como reclamo comercial, morboso e ideológico un encuentro casual entre dos personas en mitad de la noche romana y su posterior desarrollo amatorio en el interior de una habitación de hotel, Julio Medem elabora una película cuya finalidad última es la reivindicación de sí mismo como artista y creador cinematográfico, como autor. Y este celo autoral auto-vindicativo desbarata la carga de profundidad del artefacto artístico que pretende articular, malbarata la esencia nutricia sobre el que se quiere edificar, abarata una propuesta de desnudez de la sustancia más íntima de la condición sentimental y humana, para simplemente ofrecer una epidermis esteticista y culturalista ahíta del soplo vital que debería recubrir todos y cada uno de los poros de la piel (película) mostrada al espectador.

Que la pareja protagonista esté constituida por dos mujeres responde a una estrategia ideológica y estética del director muy bien calibrada (amén de toda la explotación comercial, mediante la exhibición del espantajo del escándalo y la reacción cavernaria subsiguiente que puede generarse mediáticamente). El eterno femenino sobrevuela toda la historia, desde diversas perspectivas.

Habitación en RomaPor un lado, la exhibición de dos bellos cuerpos femeninos sirve como cebo para atraer a un público voyeur masculino y, al mismo tiempo, es todo un guiño reivindicativo para un público voyeuse femenino. La relación lésbica se sobrepone, intencionadamente, sobre la relación sexual per se, sin género, tal y como se encarga de remarcar el director discursivamente en el filme, por mucho que sus declaraciones vayan, por supuesto, en el sentido contrario: dotar de normalidad y visibilidad a lo que la sociedad ve como diferente. La dialéctica entre lesbianismo (sexualidad) congénito o adquirido surge en los diálogos de las protagonistas. También aparece la oposición entre placer vaginal y clitoriano, en una de las secuencias más grotescas y ridículas de la trama, a través de la posible inclusión de una botella de vino de la toscana (tamaño 3/8) como remedo de un vibrador que falta en los juegos eróticos, a punto de ser suplido por un pepino hervido que el servicial camarero pone a disposición de la pareja; en última instancia, el propio empleado está dispuesto a aportar su propio pene para llevar a cabo un trío. Las chicas rechazan el ofrecimiento.

No obstante este explícito telón lesbiano, Medem lo escenifica de la manera más trillada y tópica: una Elena Anaya (Alba) con el pelo a lo garçon desempeñando el rol activo (masculino), frente a una sumisa y dúctil Natasha Yarovenko (Dasha o Natasha) en el papel femenino (pasivo). Los cuerpos de las mujeres son iconos para las fantasías o el imaginario erótico-sexual masculino: la contundencia de su belleza se apropia de la pantalla, en una apología del esteticismo sensorial y sensual en detrimento de una mayor naturalidad de representación de la “realidad” lésbica de carne y hueso.
Prueba de este desaforado culturalismo estetizante es el propio afiche comercial de la película: todo un guiño a ese mencionado eterno femenino que la historia del arte desarrolló a partir del último tercio del siglo XIX, a partir del prerrafaelismo, del modernismo, la secesión, etc., origen de las iconografías sexofóbicas de la mujer (la depreadadora, la femme fatale), posteriormente aclimatadas como fetiches eróticos de la libido masculina, hasta alcanzar cierto estatuto pseudoartístico en las fotografías y filmes de David Hamilton (Tiernas caricias, Las canciones de Bilitis).

Habitación en  RomaEl esculturalismo estetizante corporal de las protagonistas impregna también el espacio en el que se desenvuelven sus caricias. La habitación del hotel es un remedo de belleza encapsulada, un museo claustral a modo de útero pictórico, que propicia el discurso ideológico de Medem. Los cuadros y frescos que adornan el cuarto se utilizan como cauce para erigir toda una teoría sobre la concepción artística del director vasco, amén de reivindicar ideológicamente el papel de la mujer, silenciado a lo largo de la historia. Por si al espectador más profano se le hubiese pasado por alto, hay varias secuencias en que se explicita, a través del diálogo de las protagonistas (peritas ambas en la historia del Renacimiento italiano), tal teoría: dos pinturas se confrontan en la habitación. Una de ellas está protagonizada por Leon Battista Alberti, El simposio (sí, como El Banquete platoniano, como el diálogo amoroso que están llevando a cabo nuestras protagonistas), impartiendo una lección sobre su concepción de la perspectiva que, claro, es la que asume el propio Medem y pone en escena en ese reducto habitacional en el que transcurre su película. Esta estampa del Quatrocento italiano dialogo directamente con una pintura que escenifica el Ágora griega del siglo V a.C. Así pues, hay un nada sutil hilo conductor, un diálogo ininterrumpido, a través de estos dos mil años de historia. Entre medias, la omnipresente cúpula de la Basílica de San Pedro, plano fijo que se contempla desde la terraza de la habitación, pues para algo estamos en Roma, aunque no haya ni un solo plano exterior de la ciudad, más allá de este plano panorámico de los tejados de Roma con San Pedro en lontananza. ¿Será el hiato que ha separado el contenido de ambos cuadros y la cosmovisión que ambos representan?

La mención al Ágora es todo un homenaje al amigo Amenábar, a su Hipatia, a un cine de recreación histórica con un señuelo de reivindicación feminista anacrónica e interesada que tan buenos créditos ha dado en taquilla. También es un extenso anticipo, al modo del mecanismo que utiliza Tarantino en sus películas, del próximo proyecto de Medem: ilustrar la vida y hazañas de Aspasia de Mileto, la mujer o compañera de Pericles. Aspasia es el nombre con que Alba, ingeniera mecánica, ha bautizado su último proyecto o invento: una especie de ciclomotor de última generación, ecológico y sostenible, faltaría más. ! El eterno femenino se transmite a través de los siglos. La mujer empieza a ocupar el lugar que le corresponde!

Un fresco que hay pintado en el techo del baño, una especie de recreación de la Alegoría de la primavera de Boticcelli, sirve para insertar el componente propiamente amatorio: una flecha de Cupido, en una secuencia poético-surrealista, hiere el corazón de la vulnerable Alba, tiñendo de rojo el agua de la bañera en que intenta ahogar el dolor por la inminente separación.

Finalmente, una estatuilla de la “Venus de Milo” estratégicamente ubicada y blandida por las protagonistas continúa aportando materia artística, referente cultural.

El carácter de entramado escenográfico que adquiere la habitación viene remarcado por el nombre del hotel: “Pompeio”, levantado sobre las ruinas del antiguo teatro “Pompeio” de la Roma imperial. Pues el director de Lucía y el sexo tiene meridianamente claro la tarea que se ha encomendado: subvertir desde dentro de la propia representación los elementos sobre los que ésta se sustenta. Tal subversión se convierte en un mero ejercicio caligráfico de egolatría autoral, de ostentación de sapiencia cinematográfica invasiva del relato, del guión que deviene en un simple MacGuffin por cuyos vericuetos deambula la cámara-mirada del director.

La materia argumental, la sustancia de los personajes y su construcción dramática son clamorosamente descuidados por Medem. La concentración espacial y la reducción temporal le obligan a una condensación en la enunciación y en la historia de la que deberían brotar los destellos poéticos que se persiguen. Sin embargo, el diálogo que se genera entre los cuerpos desnudos deviene ramplón y simplón, entrecortado, confeccionado más que con un sutil hilvanado, con hachazos narrativos.
Habitación en RomaSi la desnudez corporal debiera ser una muestra de sinceridad y de hondura afectiva, de entrega absoluta, los personajes tejen alrededor de sus juegos eróticos toda una red de mentiras o de medias verdades a fin de preservar su corazón de un posible dolor, preservación que resulta contradictoria con la situación diseñada. Llegados a este punto de despojamiento externo, ¿qué sentido tiene vestir sus sentimientos con falsedades? Obviamente, Medem persigue que la acción y el paulatino abandono emocional limen los parapetos sentimentales, el miedo al dolor provocado por el fantasma del amor, porque de un amor imposible se trata debido a la negación de romper amarras con el mundo exterior por parte de las protagonistas, al menos de una de ellas. Las historias que mutuamente se narran son rocambolescas, bizantinas, en un intento de estar a la altura del juego de espejos que la puesta en escena desarrolla. De acuerdo, pues, todo es representación, mentira y manipulación. Puestas así las cosas, se recurre a los orgasmos para alcanzar un clímax corporal que no discurre en paralelo con el clímax emocional, aunque tal sea la intención del director. Cuando el guión se atasca, el encuentro sexual ha de surtir un efecto desatascador.

Finalmente, se llega al meollo anímico de ambas mujeres: comparten una experiencia dolorosa, pretendidamente trágica (en el caso de Natascha roza el ridículo el tratamiento que se le da a los abusos sexuales paternos: origen de su sexualidad como mirona, ergo, motivo de placer, ahí es poco). Alba parece una nueva Sherezade contando historias de Las mil y una noches. Su quiebra emocional nos es mostrada mediante una filmación de móvil, en una especie de relato enmarcado actualizado por las nuevas tecnologías. Este breve cuento es protagonizado por Nawja Nimri, en euskera: peaje ideológico, seña de identidad medemniana.

Pero es en el movimiento de la cámara, en el propio discurso y enunciación de las imágenes, donde Medem explota sin ningún recato su satisfecha autoría. La película empieza y acaba con un largo plano secuencia que es toda una declaración de principios: la habitación es el panóptico que la cámara mostrará, el bisturí con el que intentará diseccionar emocionalmente a sus personajes. Nos mostrará sus cuerpos, pero poco más, pues la técnica sin más sólo es un instrumento, un mecanismo, pero no un fin en sí mismo.

El primer acto sexual es narrado desde una perspectiva imposible: desde dentro del cuadro protagonizado por Alberti que se encuentra encima de la cabecera de la cama. Para justificar esta imposibilidad (no estamos ante una película de ciencia ficción), Medem se ampara en el panoptismo generalizado y extendido a través de las nuevas tecnologías, a través de las imágenes captadas por los satélites y que el ordenador de Alba (verdadera ventana al exterior, más que la propia terraza del hotel) introduce en el espacio cerrado, al mismo tiempo que sirve para tanto para argüir sus mentiras como para desvelarlas.

Los únicos vestigios de esta noche de amor fou y catártico serán los que almacene ese ojo omnisciente y ubicuo. Allí se almacenará el secreto de una historia, un remedo de adulterio sin matrimonio (convencional), para consuelo y souvenir de las protagonistas.

Habitación en RomaPara finalizar, señalar la banda sonora de la película. La música ocupa un importante lugar, pues debe rellenar emocionalmente la falta de emoción que transmiten las imágenes; más que subrayar, raya directamente e irradia calidez: la canción de Russian Red se constituye en un ritornello, en un leitmotiv edulcorante, tan pegadiza y atrayente como superficial, pero cumple su función. Lo mismo la música de Jocelyn Pook, a mitad camino entre el ritmo del tango, de la música tradicional rusa y de ciertas arias operísticas. No falta tampoco una secuencia de karaoke desaforado, muestra del inicio de la complicidad y de la expansión afectiva, así como una secuencia de ducha donde las protagonistas entonan a dúo, para mostrar su goce y alegría el “Volare, uoouoo, caaantaaareeee…”.

Como decía Cesar Vallejo “En fin, simplificado el corazón,/pienso en tu sexo”. Una lástima y un derroche: por la ausencia de sentimiento que la película y el espectador requería y por el exceso de manierismo ornamental con que se cubre tal ausencia.


Como veréis, de principio a fin es un ejercicio de pedantería extrema. Aquí tenéis el enlace al blog donde lo he leído.

El mío es este: Davall un cel violeta

Si lo encontráis pedante también, no dudéis en usarlo si es menester :P

Besos

Mª José

14 de mayo de 2010

G.Sanz ahumado

Ahí vamos con un buen G.Sanz de viernes:

CYPRESS HILL (Rise Up)

Rescatado por el Snoop Dogg director de Priority tras su salida de Sony, el cuarteto californiano sigue en su nube de marihuana. Casi mejor porque, si baja, es para trillar el crossover hip hop-rock, variante emo-rap incluída, junto a Tom Morello (Rage Against The Machine), Mike Shinoda (Linkin' Park) y Darin Malakian (System Of A Down). De su octavo álbum, primero en seis años, quedan el decir ahumado de B-Real, la reinvención de Pass The Dutchie (Mussical Youth) y Armada Latina, canto al Caribe con Pitbull y.... ¡Marc Anthony! Gerardo Sanz.

Si bien su habitual técnica de invención de sub-géneros es la mar de simpática en esta ocasión, lo que más me ha gustado es ese 'el decir ahumado'. Porque normalmente, por muy formulaico y cultureta que sea, a G.Sanz se le entiende. Pero, ¿qué puñetas quiere decir con 'ahumado'? ¿Es algo positivo o negativo?¿Tiene que ver con el fuego o con la pesca en Noruega?¿Es, en realidad, señal de que le apetecen sardinas al espeto? Preguntas...

15 de abril de 2010

Los Pimpinetas en el bosque de las seguiriyas

Los Planetas se salieron de la órbita clásica del rock hace tres años con 'La leyenda del espacio', disco basado en palos flamencos.

El éxito de crítica compensó el disgusto de sus fans más conformistas y ahora, con 'Una ópera egipcia' (Sony), se internan en un bosque donde crecen colombianas, seguiriyas y peteneras envueltas en un luminoso pop o sumergidas en un psicodélico océano de ruido.
[...]
El grupo cuenta con la bendición de Enrique Morente (pionero de la fusión entre flamenco y ruido en los noventa junto a Lagartija Nick), que presta su voz en la abismal 'La pastora divina', seis minutos indomables de ruido oscuro, quejíos lisérgicos y ritmo procesional. "A Morente le encanta el disco. Dice que esto que estamos haciendo con el flamenco es importantísimo", reconoce el cantante de Los Planetas.

El disco tiene más novedades. Ana Fernández, también conocida como La Bien Querida, canta 'La veleta' y hace coros en 'No sé cómo te atreves' (lo más cerca que han estado Los Planetas de Pimpinela). Además, hay coqueteos con la electrónica, senda que en principio no les seduce completamente. "Yo me divierto más con una guitarra que con un teclado. La base del grupo es la guitarra, la batería y el bajo", subrayó ayer Florent, el guitarrista.

Extracto del artículo de Jess Miguel Marcos, aparecido en Público, 14 de abril de 2010.
Enviado por: Don Anselmo

P.S.:...si hubiera de empezar a aficionarme a los Planetas, no me cabría ya ninguna duda de por que canción empezar.

26 de marzo de 2010

G.Sanz, ese romántico existencial rebajado de ironía

Otro viernes, otro G.Sanz que no decepciona. Ente onve es un tesoro nacional.

"(...) Su séptimo álbum de estudio, el primero en cinco años con material nuevo, tramita el acta de su definitiva conciliación poniendo toda la carne en el asador del estilo. Melodías soft-rock de ascendente country, exquisitos arreglos de cuerda y viento por gentileza de Mark Nevers (Lambchop) y romanticismo existencial rebajado de ironía. Como agua de mayo sobre mojado." G.Sanz

24 de marzo de 2010

El pseudorretórico. Una gran definición

Para hablar, el pseudorretórico busca oyentes que no sepan de qué habla. Conoce las miradas perplejas y el parpadeo del desamparo cuando se dirige a alguien, y sólo se lanza a perorar si el desamparo le parece suficiente. Las ideas afluyen a su mente y pronto dispone de una cantidad pasmosa de argumentos que, en otras circunstancias, no se le habrían ocurrido: siente cómo puede ir enredándolo todo y se encumbra hasta el más recóndito de los delirios: en torno suyo la atmósfera se carga de oráculos.

Pero hay de él si por el rostro del interpelado cruza una iluminación repentina, algún atisbo de comprensión: el pseudorretórico se derrumba por dentro, se atasca, tartamudea, se interrumpe, vuelve a probar sumido en la más penosa de las turbaciones y, cuando ve que todos sus esfuerzos so vanos, que el otro entiende y está dispusto a seguir entendiendo, se rinde, enmudece y se aleja bruscamente.

Tales derrotas no son, sin embargo, frecuentes. Las más de las veces, el pseudorretórico logra permanecer incomprendido. Tiene experiencia y escoge a su gente, no se dirige a cualquiera. Conoce a esa especie que se presta a todo. ¡Como si alguien pudiera prever sus temas de conversación! Ni él mismo los conoce de antemano...

Fragmento de El pseudorretórico, de Elías Canetti.

22 de marzo de 2010

La invasión de los recursos caligráficos

¿Os pongo negritas? venga va:

La invasión de los recursos caligráficos

ALBERT SERRA JUANOLA, director de cine

Un amigo mío miró hace poco un documental hecho en 3-D y descalificó la experiencia con un observación evidente: "Es que no añade nada".

El cine en 3-D existe desde hace mucho tiempo y, sin embargo, nunca ha atraído la atención de ningún director interesante (excepto Alfred Hitchcock, si no recuero mal). No soy una excepción a esta regla. A pesar de la naturaleza ontológicamente realista del cine, la imagen es un signo que puede llegar a interesar artísticamente no por lo que muestra, sino por lo que expresa. Algo que está más allá de la imagen y de la historia que esta nos cuenta. Algo que no está tan claro, y que afecta más a la dialéctica entre el proceso de fabricación de la película y su forma definitiva: el conjunto de reglas internas que al final la gobiernan y de donde se desprende su belleza como obra de arte.

Se dijo que con la llegada del cine sonoro se perdía capacidad expresiva; es cierto. Se perdía una capacidad fundamental del lenguaje visual que es la abstracción y todo el refinamiento que esta conlleva. La imagen se volvía más ilustrativa y el lenguaje cinematográfico se empobrecía; hasta que la nouvelle vague y cierto cine experimental hacen un uso más sofisticado del sonido y lo separan de la imagen para que pueda recibir un tratamiento propio y pueda relacionarse con esta por otro tipo de relaciones aparte de la contigüidad ilustrativa, como, por ejemplo, por contrapunto.

Nada de esto tiene que ver con el 3-D. Ni siquiera representa un empobrecimiento de la imagen: simplemente no es nada.O acaso una mediocre ampliación de un recurso elemental de la imagen cinematográfica:
su capacidad material de reproducción de la realidad que, paradójicamente, por el aturdimiento ocular y la fatiga mental que provoca en el espectador, puede llegar a ser intrínsecamente nociva para su propia finalidad. No digamos ya para esa segunda película o segundo nivel de comprensión de la que hablaba al principio y que se basa en las asociaciones visuales, culturales, personales, etcétera, que el misterio de las imágenes ayuda siempre a agudizar.

El 3-D no es un recurso formal, sino caligráfico. Y sólo afecta, de momento, al cine comercial. Pero, involuntariamente, evidencia al mismo tiempo lo mucho que cierto cine de autor se apoya, en el fondo, en conquistas paralelas e igual de vacuas que el 3-D y que ya están destruyendo la autenticidad de gran parte del cine artístico moderno: ya están en todas partes la caligrafía narrativa, la caligrafía referencial, la caligrafía dramática, la caligrafía metafísica, etcétera.

La destrucción de la autenticidad del imaginario colectivo es la consecuencia más evidente de esta invasión caligráfica; y su síntoma más claro, el auge del videojuego (siempre asociado al 3-D), engendro diabólico y repugnante, joya de la corona de esta invasión catastrófica, pura caligrafía conceptual.


Enviado por: Pedro Vallín

13 de marzo de 2010

G. Sanz: ¿Acaso seré yo?

Está claro: G.Sanz casi nunca defrauda. Cuando el blog se tira un tiempo sin recibir contribuciones, sólo hay que echarle un vistazo a La Luna de Metropoli.

NACHO UMBERT | 'Ay...' (Acuarela) | Valoración: 4

Catorce años después del inolvidable Adiós (1996) de Paperhouse, el que fuera su vocalista y principal compositor regresa con un título que se sabe suspiro, quejido y expresión de una exquisita sensibilidad. Bajo la producción de Raül Fernández (Refree), el cantautor barcelonés colorea con su barítono viñetas de un costumbrismo evocador y casi mágico. Chelo, trompeta y coros de Silvia Pérez Cruz, para una orgánica interjección de pop acústico que cambia la socarronería de Sr. Chinarro por el acaso de un Bill Callahan mediterráneo.
Gerardo Sanz

25 de febrero de 2010

¿Se puede ser más pedante definiendo un estilo musical? (Crítica cultureta hasta en las descargas)

Después de descargar un live del DJ Henry Saiz me di cuenta que venia un archivo txt con un pequeño escrito sobre su estilo y su música. Que conste que la música a mi personalmente me gusta pero aquí os dejo un par de perlitas del texto:

- El madrileño Henry Saiz es el principal culpable de que el emo-techno maximalista, revestido de sofisticada IDM, diestramente salpicado de acidez y siempre marcado por esa esencia neo-trancera y progrépica, haya logrado alcanzar nueva cotas de brillantez y exquisita dimensión.

- ... paralelamente, Saiz ha ido consolidando su live -un inédito y auténtico viaje por estancias de techno electrónico en la que la emoción progresa y se amalgama de forma tan natural con lo sintético, que llega a confundirse en un solo sonido.

¡¡Vaya tela!!

Enviado por: Pau Sánchez

20 de febrero de 2010

La crítica es pa listos: Avatar

Tras el post sobre el encuentro de titanes Costa/Rebollo, se organizó un buen revuelo en el Focoforo.

Paco y un servidor contemplamos admirados los comentarios, aunque tampoco hacía falta responder. Más de un participante en el foro sabía enunciar - mucho mejor que nosotros - nuestra postura.

Tras el debate que allí había - a ratos estéril y faltón - surgió una OBRA MAESTRA ABSOLUTA:

Nuestro querido Milgrom se aplicó el "Show don't tell" y ha fecho una crítica que, con la mejor/peor de las intenciones lucha por la pole position de todo lo publicado en ente vlog:

Léanla - y gócenla - aquí.

Demostración inapelable de que el criticar los ejercicios de erudición chorra en las críticas no conlleva automáticamente el "no tener estudios".

Jlorioso, Milgrom.