LAURA GIBSON 'Beast Of Seasons' (Souterrain transmissions/Pias)
Valoración: 4
Gerardo Sanz
un saludo amigos, seguid dandole duro.
Dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Juan Fernández-Cuesta es uno de esos grandes sordidos desconocidos, redactor jefe de la seccion España de ABC, que se dice pronto, es ademas su critico de vinos, gran defensor del vino español frente al frances y de los vinos baratos frente a los caros. Cada sabado nos ofrece una de sus criticas. Aqui va una de las ultimas. Les invito a que busquen y rebusquen. Comparen, pues no van a encontrar algo mejor.
Añada: 2005. Origen: D.O.C. Rioja Variedades de Uva: viura (85%). garnacha blanca y malvasía. Grado de Alcohol: 13%Emblema de la Americana menos acomodaticia, la reencarnación de los hoy olvidados Red Red Meat continúa caminando por los arcenes de la excelencia. Su nuevo álbum, banda sonora no oficial del homónimo debut cinematográfico de su líder, Tim Rutili, demuestra que no ha perdido la brújula. Folk de los Apalaches y Psychic TV, épica post-rock y Captain Beefheart, pastorales ambient y hasta un homenaje a Luis Buñuel en un cancionero que, como el filme que lo inspira, señala un Norte de claustrofobia y fantasmas. Por Gerardo Sanz
En Cinéclub reivindico mi condición de cinéfilo ambivalente, como oxímoron andante en el que en su día peleaban las modernidades (la presión de la tradición europea por la que creo sentir afinidad; la experiencia de los grandes clásicos) con las corrientes populares (ese cine abigarrado, principalmente hongkonés, que devoraba junto a mis amigos), es un espectro más del cine anónimo, sin nombre, de mi película, ese cine que cierra sus puertas, inevitablemente, con una película de un pionero (Griffith).
[...] El plano pictórico es el que es hermético, aquél que por un instante nos parece enmarcado, no sujeto a la dinámica metonímica [...]
[...] son las fuentes sonoras las que se pueden encargar de horadar el plano [...]
[...] La profundidad sustituye al habitual despliegue analítico en tomas, [...]
[...] La dominante autorreferencial es absoluta en Cinéclub [...]
[...] alguien que desee detener el tiempo y volver a una arcadia inamovible [...]
[...] víctima de la dimensión frankensteiniana del cine, parece implicarse con la ilusión); a la cual podemos añadir, durante algunos segundos, a la joven taquillera cuando se abisma en él desde detrás de la pantalla. [...]
[...] De unas películas que ya son historia porque sólo siguen interesando a aquéllos individuos totalmente descontextualizados.

En una corrosiva crítica de Y la nave va... (1983), Olivier Assayas comparaba los últimos films de Federico Fellini con carpas de circo. Cada escena, decía, tiene que ganar una partida, aunque también la puede perder. No es casual que el propio Gilliam haya evocado Amarcord (1973) como modelo de cinta-compendio a la que aspira en este imaginario del doctor Parnassus, que es como el imaginario del doctor Gilliam. Está el aliento meliesiano de Las aventuras del barón Munchausen (1988); el mundo del otro lado del espejo de Los Héroes del Tiempo (1981) y Tideland (2005); olemos el quijotesco empeño de un artista agarrado a las fórmulas mágicas del espectáculo pretérito…
¿Por qué, entonces, parece un patchwork de highlights gilliamescos sin más coherencia que la que da ser ferozmente autoindulgente? Feliz idea la de compensar la muerte de Heath Ledger con el pretexto del espejo mágico, y es innegable que el barroquismo del concepto se ajusta a la creatividad de Gilliam, pero el resultado se mira demasiado al ombligo.
Esa pulsión que personas adultas y a las que se supone en uso pleno de sus facultades sienten por adoptar debe de tener su origen, ya que no en la imposible transmisión de los genes, en la transmisión de la conducta, que tampoco es ingrediente despreciable cuando se trata de la procreación directa, sobre todo atendiendo al macho de la especie. Casi más importante que el que se parezca a papá lo es que la criatura (el niño) sea como papá y mucho más allá: que sea lo que papá no logró ser, que resarza a papá.